domingo, 25 de marzo de 2012

15 años de viaje por el otro mundo (La Española, 2003)

Esta vez decidí visitar la llamada en la antigüedad Isla La Española, que en la actualidad alberga los países de Haití y República Dominicana. Aunque mi intención era sólo Haití, pero era complicado acceder a ese país, así que decidí volar a Santo Domingo y de allí recorrer la parte de la Isla pegada a Haití para poder pasar por la frontera. Era la zona menos turística y lógicamente la que tenía menos infraestructura, desde la capital cogí un autobús que me llevó hasta Barahona.

Niños jugando en Barahona


Cargué con  mi cámara Contax G-2, la Noblex 135-U y la Horizon para los infrarrojos. Sólo formato de 35 mm esta vez, había decidido ir ligero de equipaje y rápido para trabajar, es lo mejor para el reportaje documental, mi intención de este proyecto, retratar lo que hay, con mi visión personal, claro está.

Visité también Bahoruco y luego me trasladé a Monte Cristi, cerca de la frontera con Haití, allí estaba mi meta en Dajabón, donde un día a la semana era día de mercado y abrian la verja para que los haitianos pasaran y pudieran comerciar con sus artesanías para cambiarlas por comida, era alucinante ver como corrían una y otra vez con montones de cartones de huevo en la cabeza.

Frontera de Haití
Era un tránsito sin parar, enormes cantidades de gentes, incluso a través del río llamado Masacre, en memoria de una gran masacre sucedida en aquella frontera. Pude adentrarme algo, pero sin visado no podías pasar, así que tuve que hacerme un visado de un día para pasar y regresar luego, mi intención era ir a la población más cercana y fotografiar en ella, así que después de pasar la aduana y sortear a los pesados guías que quieren llevarte de "turismo", cogí una moto (son los taxis de aquella región) y fuimos a Ounaminthe, la primera población cercana a la frontera, me adentré en un colegio y después recorrí algunas de sus calles, todas sin asfaltar, aquello era realmente otro mundo. Pero la situación se fue poniendo difícil había gente que no querían fotos y algunos empezaron a preguntar el porqué. Aquello no era República Dominicana, no tenía nada que ver, así que decidí retornar caminando y fui fotografiando lo que pude por el camino.

Mirada, Haití
En ese camino realicé uno de mis retratos favoritos, el de una niña haitiana sentada en la puerta de su casa, creo que la mirada lo explica todo, es lo que intento transmitir en mis imágenes, tan sólo añadiré que me causó una gran sorpresa cuando la vi en mi hoja de contactos, hay fotos que esperas ver con ansiedad cuando las revelas y otras como ésta te sorprenden gratamente, pues la tiré rápidamente y hice sólo una toma con un angular de 21 mm.

Seguimos rápidamente hacia el otro lado de la valla, ya estaba el sol muy alto y aquí no había nada para comer, aunque al otro lado tampoco es que hubiese una gran variedad, tan sólo un restaurante que regentaba un francés se podía comer lo que se llama decentemente.

Recuerdo al regresar ese día en el autobús nos pararon en un control policial, pidieron documentaciones y acto seguido un sargento se quitó la gorra para que todos fueran echando "el impuesto correspondiente", se comprende que venían del mercado de la frontera y de esa forma harían la vista gorda de lo que hubiese trapicheado cada uno.

Colegio de Ounaminthe, Haití



Al llegar a Monte Cristi decidí cambiar de ubicación buscando un destino con mejor infraestructura y me fui a Puerto Plata, aquello me desencantó un poco fotográficamente hablando y además me cogieron tres días seguidos de lluvias fuertes sin parar y sin poder hacer nada, por primera vez en un viaje me entraron ganas de cambiar el vuelo y volverme, no me sentía inspirado, así que decidir volver de nuevo a Monte Cristi para hacer algo de nuevo en la frontera haitiana, es lo que más me había gustado del viaje.

Visité Copey, Enriquillo, Tres Cruces, San Rafael y Ciénaga donde asistí por primera vez a las peleas de gallos para tomar fotografías, era la como la fiesta nacional dominicana, todo un ritual, ver como le añadían espolones a los gallos, como los pesaban una y otra vez, gallos que habían criado durante un año y luego los sometían a un combate a vida o muerte donde jugaban grandes sumas de dinero.

Peleas de gallo en Ciénaga


Nueva visita al mercado haitiano y la frontera, el problema es que sólo era un día a la semana, el otro tema era las peleas de gallos, que igualmente sólo se celebraban los fines de semana, lo demás poco me inspiraba, fue uno de esos viajes que no te dejan ganas de volver, quizás porque no has conectado como querías o te esperabas otra cosa, de todas formas me quedo con dos fotos muy importantes para mi en este viaje, la que comenté arriba de la mirada de la niña en Haití y esta que ilustro a continuación de unos niños bañándose en el interior de una casa en Bahoruco (Rep. Dominicana), sólo por esas fotos mereció la pena el haber estado en esos lugares.

Niños en Bahoruco
Anciano en Bahoruco
Después de tirar casi 60 rollos de película, de vuelta a casa organizando en el aeropuerto en esas largas esperas, como hacer los revelados de los rollos en el menor tiempo posible, la cantidad de líquido disponible de cada  cosa, el agua destilada, como organizar las tandas de revelado en función de las películas y sus sensibilidades, toda una parafernalia que hoy desaparece con el digital, en ese momento en el aeropuerto ya están las imágenes en positivo, puedes ir organizando las selecciones a través de un pequeño portátil o disco duro con pantalla y cuando llegas a casa la gran criba está ya hecha, sólo queda el ajuste definitivo de cada imagen, "el positivado". Cuanto ahorro de tiempo, pero y el resultado final, realmente nos convence como antes, a veces lo pienso cuando comparo estas imágenes de antes con las de ahora y eso que la cosa ha cambiado bastante con los papeles de fibra y algodón y las impresoras de tintas pigmentadas, entonces será nostálgico, no se pero todavía sigo llevando algunas películas a mis viajes y hago al menos una veintena de rollos y  conservo mi cuarto oscuro con la ampliadora Besseler y demás equipo en pleno funcionamiento, pero cada vez se hace más cuesta arriba el preparar químicos, que acaban caducando por el espaciado tiempo entre las sesiones de laboratorio.
Próximo capítulo : India, Rajastán (2004).

martes, 6 de marzo de 2012

15 años de viaje por el otro mundo (Perú, 2002)

Anta
Cuando llevas tiempo en un mismo sitio es conveniente cambiar de lugar para luego volver a retomar el tema con una nueva visión, así lo hice y me fui a Perú, había visto una magnífica exposición de Castro Prieto y compré su libro "Perú, viaje al sol", me puse en contacto con él para que me aconsejara sitios y sobre todo un guía, lo más importante para el fotógrafo.

Me fui al Valle Sagrado de Los Incas y me alojé en la casa de Eugenio Serna, el guía que había tenido Castro en sus viajes por esta zona, era época de lluvias, pero tuvimos suerte, llovía casi todas las noches, pero luego de día casi siempre escampaba y gozábamos de unas nubes maravillosas para fotografiar.

Isla de Taquile
Eugenio ha sido sin duda uno de los mejores guías que tenido en mis viajes, fue profesor y policía hasta que decidió dedicarse al negocio del turismo que es lo que acaba dando más plata en estos lugares, vivía con su esposa  y algunos de sus hijos en una casa del barrio de San Blas donde alquilaba habitaciones. De allí salíamos todas las mañanas bastante temprano para realizar la ruta que habíamos hablado el día anterior.

Visitamos todo el valle Sagrado, Pisac, Chinchero, Qoya, Ollantaytambo, Anta, Maras, Chicacupe, Combapata, Urcos, San Jerónimo, Calca, Huaracondo, Pucyura, Piñipampa, Oropesa, San Salvador, todo ello saliendo siempre desde nuestro alojamiento en la capital del valle, Cuzco.

Era alucinante ver como los habitantes del valle que hablaban quechua, lengua autóctona de Los Andes y que Eugenio dominaba a la perfección, todavía vestían como había visto en las fotos del gran maestro peruano Martín Chambi, sinceramente no creí poder encontrarme a gente así todavía. Por el camino íbamos parando donde veíamos escenas interesantes y Eugenio hacía de intérprete y luego dábamos una propina por las fotos que la mayoría de las veces se gastaban en la chichería, lugar donde toman chicha, una bebida típica de la zona destilada con alcohol.


Chichería de Qoya

Visitamos Piñipampa donde se fabricaban las tejas y Oropesa donde se hacía el pan, lugares que en mi siguiente viaje de 2010 quedaron sepultados por el agua en unas torrenciales lluvias, fue bastante triste.

No podía irme del valle sin visitar Machu Picchu, el lugar sagrado de Los Incas, la verdad que llegué a pensar si merecía la pena sacrificar más de un día de viaje por una sola foto, pues al fin y al cabo es lo que vas a sacar allí en definitiva, pero había que hacerla, no podía faltar en la selección final y cuando estás allí en todo lo alto y lo contemplas comprendes que es unos de los lugares mágicos de este mundo, es algo indescriptible, si vais a Perú no dejéis de visitarlo, no lo olvidaréis nunca.

Cogimos el tren hasta Aguas Calientes, allí se ha ido formando una pequeña aldea dormitorio para aquellos que quieren pernoctar y subir a primera hora del día para contemplarlo en su mayor esplendor, eso hicimos nosotros, aunque todavía recuerdo el olor a insecticida de las sábanas de aquella pensión, pero mereció la pena.

Al día siguiente nos quedamos en Cuzco, tuve una caída el día anterior y me costaba caminar, así que no fuimos con Eugenio de viaje ese día. Al regresar al alojamiento después de descansar un rato comencé a preparar el equipo para el día siguiente y entonces me di cuenta que me faltaba una de las bolsas, donde estaba la panorámica Noblex y las películas que había realizado en todo el viaje, era lo que más sentía, todo el viaje hecho en el valle perdido, aquellas situaciones, los personajes, escenas que no volverían a repetirse.  Me entraron ganas de regresar a mi país, estaba hundido. Entonces llegó Eugenio y le conté lo sucedido, pensé que sería alguien que vivía en el interior y en ese momento llegó un muchacho que no conocía, estábamos hablando y se produjo un cruce de miradas entre ambos, que me pareció delatarse, acto seguido se descubrió, había vuelto por el pasaporte que había olvidado y dijo que fueron unos amigos que vinieron por él, así que le dije que sino aparecía en una hora llamaría a la policía y él iba a cargar con la culpa.
Niños pastores en el Valle Sagrado


En menos de una hora apareció un muchacho con una mochila y la bolsa dentro con todo en su interior, tuve la gran suerte de que esta cámara es un poco extraña para quien no la conoce, si hubiesen cogido la mochila grande que estaba al lado, con la Hasselblad, la Contax, que fueron las otras cámaras que llevaba para este viaje junto a otra panorámica, la Horizon rusa, para hacer infrarrojo, además en su interior había dinero, pasaportes, billetes de vuelta, todo... Esa no habría aparecido. Fue una auténtica suerte, ha sido la única vez que me robaron hasta la fecha en todos mis viajes. Pude recuperar estas imágenes que ilustran el blog, es lo que más me importaba.

Niño cargado con leña el Domingo de Ramos en Maras
Al día siguiente nos trasladamos en un autobús por la ruta Viracoche a Puno para visitar el Lago Titicaca, fue un largo viaje donde por el camino podíamos ver hermosos paisajes con grandes rebaños de llamas, vicuñas  y alpacas, pero que no pude fotografiar y dejé pendiente para un futuro viaje. Desde Puno fuimos en una embarcación a recorrer el lago, la Isla de los Uros, Amantani, donde pasamos una noche en una casa de una familia en medio de una gran tormenta. Esas islas no tienen electricidad, por lo que sus habitantes siguen viviendo anclados en otros tiempos. Por la mañana partimos a la Isla de Taquile, llegamos el Domingo de Pascua y había una gran fiesta, aunque sólo estuvimos una mañana y a la peor hora del día con un tremendo sol de justicia, a  pesar de ello hice uno de mis retratos favoritos, la imagen de las dos niñas con el hermanito cargado a la espalda, creo que esas miradas hablan por si solas.

De vuelta a Puno fuimos a Arequipa a coger un vuelo hasta Lima para desde allí regresar a España, fue un viaje inolvidable, que nos dejó con ganas de volver en un futuro.


sábado, 3 de marzo de 2012

Bienal FIAP de fotografía de naturaleza en Noruega.

Han sido seleccionadas estas dos imágenes para representar a España junto a otras 18 más en la 16ª Bienal FIAP de Naturaleza que se celebrará en Noruega próximamente.

La Sauceda, Málaga
Han participado un total de 197 fotografías y son las únicas que representan a la región andaluza. Para mi es un gran honor estar entre los autores seleccionados por la Confederación Española de Fotografía.

Laguna de Canaima, Venezuela
Son dos imágenes antiguas realizadas con una cámara Hasselblad de formato medio que ahora he escaneado y tratado diitalmente procurando emular a las positivadas en papel de emulsión de plata de la época.

La de arriba he podido quitar un enorme arañazo del negativo y en esta de la izquierda, sacar toda la parte de la selva, realizada con película Konica infrarroja, que en el original carecía totalmente de detalle.

Los tonos de los virajes los realicé mediante una capa de Ajuste de Corrección Selectiva que se asemejan bastante a los originales.

Estas imágenes pasan a los fondos de la Confederación Española de Fotografía.


martes, 21 de febrero de 2012

15 años de viaje por el otro mundo (2000-2001)

El primer viaje a Cuba me dejó con tremendas ganas de volver y realizar algo más profundo, así que en Febrero de 2000 emprendí un nuevo viaje a la Isla, esta vez pensaba adentrarme por los barrios de La Habana, pero alojándome en casas particulares un sistema de alojamiento que funciona en Cuba como en otros países de América Latina, aunque controlado por el Estado que te ofrece la posibilidad de una estancia a precios módicos, pero sobre todo te proporciona el contacto directo con la gente, lo más importante para mi trabajo fotográfico, no quería fotografiar como un turista, sino desde dentro y eso suele ser bastante difícil.

Enamorados en el Malecón de La Habana



Recorrí los barrios de El Cerro, Jesús María, Los Sitios, El barrio Chino, Luyano, Cuatro Caminos, La Habana Vieja y Centro Habana. Cada tarde un paseo por el Malecón, que a la caída del sol se va poblando de todos los que huyen del tremendo calor de la noche habanera, familias y enamorados se dan cita frente al mar que miran con una enorme dosis de esperanza y resignación. 

Sentía ganas de visitar de nuevo Pinar del Río y Viñales y comer una langostica en el paladar de Nora y Luis, “la mejor langosta que te puedes comer en Cuba”, así que llamé a mi amigo Abilio y fuimos en su viejo Chrevrolet  de antes de la Revolución (los cubanos le llaman almendrón) y fue para mi uno de los mejores días de este viaje. Abilio es un gran conversador y conocedor de toda la historia cubana, su cultura y sus peculiaridades  son dignas de elogio y sabe como nadie amenizar un viaje. Después de muchos años viajando por distintos lugares del  mundo he de reconocer que la figura de un buen guía es primordial para el trabajo de un  fotógrafo, Abilio se colocó a la cabeza de éstos en este momento.
Santiago de Cuba

Este viaje me hizo sentir cosas distintas y analizar la realidad cubana desde otro prisma, no voy a entrar en connotaciones políticas,  prefiero que saquen ustedes conclusiones a través de mis imágenes, que en absoluto están manipuladas en sentido alguno, mi estilo de reportaje es documentalista y me interesa que la gente conozca la realidad que se vive en otra parte del Planeta. Estamos asistiendo al cambio de Milenio y al ver estas imágenes uno se pregunta si el tiempo transcurre en todos sitios por igual.

Con las imágenes de este viaje y las del anterior realicé mi primera exposición de fotografías sobre Cuba, que fue recorriendo las salas de exposiciones del país, pero sentía la necesidad de continuar, aunque esta vez quería salir de La Habana, recorrer la Isla de Cuba.

El tercer viaje fue fundamental en el trabajo, esta vez después de superar el jet-lag del primer día, volé desde La Habana a Santiago de Cuba en un viejo avión soviético de la compañía Cubana, pero había que ahorrar tiempo ya que la distancia es casi de 900 kilómetros y más de un día de viaje. 
Campo Rico, cerca de Santiago.

Santiago me fascinó, largas calles con tremendas pendientes, más calor que en La Habana y un ambiente como más caribeño. Me alojé en casa de Humberto y su familia que me acogieron como a uno más y desde allí recorrí sus alrededores: El Caney, El Aceite, El Cobre, La Maya, El Ramón, Campo Rico, donde me llevó mi amigo José Carlos en una auténtica aventura cubana, después de atravesar lomas a  pié y tomar varias guaguas por insólitos caminos, donde sólo camiones soviéticos eran capaces de transitar.  Aquello era la Cuba Guajira que yo quería fotografiar y empezaba a encontrarme en situaciones como las que había visto en películas cubanas como Guantanamera, pero aquello era real, a veces me pellizcaba para comprobar que no lo estaba soñando.

Partí después para Trinidad en el carro de  Raúl, el yerno de Humberto,  donde de rebote me alojé en casa de Mandy y Marilyn, ya que iba para casa de su tío, pero la tenía ocupada y como es habitual en Cuba, todo se resuelve y te buscan otro alojamiento.  Trinidad me cautivó, es la ciudad más colonial de la Isla y la mejor conservada, sus calles empedradas, enormes casas con  interiores que son auténticos palacios, con muebles y adornos impresionantes.  No hay que olvidar que en la época colonial rivalizaba en belleza y lujo con La Habana. 

Con esta foto conseguí el Premio Caja España, que me ayudó a subvencionar estos dos viajes.

Visité el Valle de Los Ingenios, donde un tren de madera del siglo XIX te lleva, si funciona (en los tres viajes que estuve en Trinidad, sólo pude viajar este día), hasta la Torre de Manaca, desde donde vigilaban a los esclavos negros que cortaban la de caña de azúcar en las plantaciones y que todavía hoy trabajan algunos cubanos para elaborar entre otras cosas el exquisito ron o para hacer un delicioso guarapo (bebida refrescante que se extrae del jugo de la caña) y que puedes degustar en la misma torre.
A la caída de la tarde solía caminar en dirección al barrio de la Popa, donde hay unas ruinas de una antigua Iglesia española y desde donde  se divisa una gran vista de Trinidad al ponerse el sol.


Una de las fotos que más he vendido de todo el trabajo
De vuelta a La Habana visité a mi amigo el fotógrafo Alberto Díaz Korda, autor de la famosa foto del Che Guevara, quizás la más reproducida en toda la historia de la fotografía, la cual me dedicó en el salón de su casa de Miramar y luego nos hicimos juntos una foto en su estudio con la imagen del Che detrás y sin saberlo me despedí de él para siempre, pues días después falleció en París cuando inauguraba una exposición víctima de un infarto. Probablemente me convertí en el último fotógrafo que lo retrató, mientras me firmaba la foto, me dijo su amigo y compañero Liborio Noval al año siguiente cuando coincidimos en Barcelona en la inauguración de mi exposición sobre Cuba.

Regresé a España pensando en dar por finiquitado el trabajo, pero enseguida me di cuenta que faltaba mucho todavía, había temas que no había tocado y me faltaban imágenes que diesen una visión más amplia de todo lo que allí sucede, aunque de momento quise tomarme un respiro y fotografiar otros países, otras culturas, para desconectar un poco, a veces es necesario.

En estos viajes volvi a llevarme las dos panorámicas y la Hassel de formato medio, que en 2001 cambié por una Contax G-2 con un 28 mm, un verdadero descubrimiento para la fotografía de reportaje, que hoy echo bastante de menos en el formato digital, una cámara pequeña, silenciosa, sin levantamiento de espejo y de una calidad tremenda, óptica Carls Zeiss, ha sido mi gran herramienta de trabajo hasta que empecé en el formato digital. Al día de hoy espero con impaciencia una cámara digital que permita realizar el mismo trabajo, parece que por fin la empresa Fuji ha pensado en fotógrafos como yo, veremos el resultado de su Fuji X-Pro 1 con su objetivo de 18mm., que se covierte en un 27mm., real.

Todas las fotos que aparecen en este trabajo están a la venta en cualquier tamaño, consultar mi web en este enlace: http://www.juanmiguelalba.es/portfolios.htm y también en una carpeta que contiene tres fotografías a elegir en tamaño 20x30 cms., impresas en papel de fibra con tintas pigmentadas a un precio especial de 60 euros)
El Malecón de La Habana


martes, 7 de febrero de 2012

15 años de viaje por el otro mundo (1999)


Después de un año en blanco en la fotografía de reportaje, tuve que pasar por el quirófano para operarme de una hernia, quizás producto de cargar con tantas cámaras y equipo, al año siguiente decidí por fin ir a Cuba.

Se cumplían 40 años del triunfo de la Revolución, era un viaje soñado que durante años llevaba aplazando quizás por la cantidad de fotógrafos que ya habían dado su versión de la Isla, pero había llegado el momento y  como fotógrafo tenía que ofrecer mi punto de vista a través de mis sensaciones personales, era algo que tenía en mi interior tal vez por las historias que recordaba vagamente desde mi niñez contadas por mi abuela Antonia que durante años, antes de la revolución cubana, había vivido en La Habana.
En el traslado del Aeropuerto José Martí hacia el hotel Nacional, donde me alojé en este primer viaje, ya sentía en mi interior esa sensación que nos dice a los fotógrafos que hay algo especial para que nuestro objetivo cierre su diafragma y el obturador capture para siempre una imagen que puede ser eterna.
Así  recorrimos La Habana guiados en un carro (coche americano de los años cincuenta) de alquiler por el gran cicerone Abilio que en un par de días nos enseñó gran parte de una ciudad que habría  sido la más bella de esta parte de América Latina. A pesar de todos los inconvenientes, sus casas, calles, parques y su gente tienen ese algo especial que brilla desde sus ojos y que te hace imposible no accionar el disparador de la cámara a cada momento.
Otro día nos llevó al Valle de Viñales, donde conocimos la Cuba Guajira. Plantaciones de tabaco y café predominan en esa región cubana donde podía contemplarse a menudo grandes carretas tiradas por bueyes que transportaban durante todo el día una pesada carga.
Conocí a Raúl Cañibano, fotógrafo cubano que nos enseñó a caminar por La Habana, la calle Monte y sus soportales, Centro Habana, La Habana Vieja... Fue un viaje que nos fascinó a todos, también a mis acompañantes, mi esposa Mati y mis amigos Juan Antonio y Teresa.  La última tarde me escapé solo y recorrí el barrio de Centro Habana, la Habana más auténtica, puedes ver a la gente viviendo en sus calles, jugándose al dominó un trago de ron, los niños practicando béisbol o baloncesto con una pelota de trapo que se deshace al golpear, los jóvenes se contonean al son de una salsa y los viejos sentados en sus escalones delante de esos portones que dejan ver los resquicios de una época colonial que los españoles no supimos resolver y ahora comprendo ese dicho que desde mi infancia escuché “...más se perdió en Cuba”.
Al regreso a España sentí que Cuba me había calado hondo y a pesar de estar satisfecho del trabajo realizado, deseaba volver de nuevo y hacer más fotos.
Me llevé mis dos panorámicas de entonces (Horizon para los infrarrojos y Noblex de objetivos fijos de barrido y ángulo ancho como dicen los cubanos) más la pesada Hasselblad y un montón de películas de esas que tienen haluros de plata. Todavía no había calado en mi la fotografía digital y hoy día no me arrepiento de ello, pues pude disfrutar más tiempo de un formato que al día de hoy utilizo bien poco, es el precio del progreso… Algún día pienso que lo retomaré de nuevo con más intensidad.
El resultado pareció gustar bastante al público en general, fue mi primera exposición en el Centro Andaluz de la Fotografía, que su director entonces, Manuel Falcés (q.e.p.d..) adquirió para los fondos de dicho centro.

martes, 24 de enero de 2012

15 años de viaje por el otro mundo (1997)


Al año siguiente decidí dar el salto al continente americano, Latinoamérica me seducía por la similitud de culturas y sobre todo el idioma, algo muy importante para poderte comunicar sin necesidad de intermediarios, lo cual es importante para la fotografía de reportaje, hablar con la gente, romper un poco el hielo y llegar a pasar inadvertido a la hora de fotografiar, es lo ideal. Venezuela fue el primer lugar, siempre recordaré mi llegada al aeropuerto de Maiquetía, un golpe de aire caliente nos sacudió a la bajada de las escalerillas del avión, luego un taxi (antiguo coche americano como lo de las películas con un mugriento felpudo que cubría el salpicadero con las ventanillas abiertas) nos llevó al hotel donde descansamos de mi primer gran y largo viaje en avión con escalas en Barcelona y Roma (más de doce horas de viaje).

Al día siguiente fuimos al aeropuerto para trasladarnos a Mérida que estaba casi a mil kilómetros de Caracas donde nos encontrábamos, también nos acompañaron en este viaje Jorge y Paulina. Ahí comenzó el primer episodio en Latinoamérica, donde te das cuenta que estás en otro mundo. El avión después de demorar algunas horas su salida tuvo que volver a poco de despegar pues se incendió uno de los motores, la azafata con voz llorosa por megafonía nos anunciaba que regresábamos. Al bajar preguntamos qué sucedía, nos dijeron que repararían el avión y saldríamos de nuevo, no había otro avión ni otro piloto que hiciera ese recorrido, escuchamos a alguien decir “yo no subo que me devuelvan el billete, el ángel de la guarda no trabaja dos veces el mismo día…” y decidimos alquilar un coche para hacer la ruta.
Cada vez que preguntamos por donde debíamos ir, nos decían “no cojan ese camino que hay salteadores, sigan por ese otro derechitos…” Era la época de Semana Santa y nos costó bastante encontrar alojamientos, atravesamos la Cordillera de Los Andes y hacía frío, al levantarnos por la mañana no había agua para lavarnos porque las tuberías estaban congeladas. Con  este frío se le produjo a Mati una contractura en la espalda y fuimos a casa de un “sobador” que andaba contando historias en la plaza de como había curado a una turista italiana después de un accidente, sobador le llaman allí a los supuestos fisioterapeutas, le hizo un ritual con un vaso a modo de ventosas, que de nada sirvió para mejorarle la dolencia que le acompañó todo el resto de viaje.



En esta ocasión utilicé la Hasselblad 500 CM y una Horizon panorámica aunque el objetivo era el reportaje no pude dejar de tomar los hermosos paisajes de La Cordillera de Los Andes y La Selva Amazónica a la que viajamos en avión al Parque Nacional de Canaima. Fue lo más caro de todo el viaje, pero mereció la pena a pesar del enorme calor, sobrepasamos los 40º y los mosquitos que nos picaban a todas horas. Allí estaban Los Tepuis, las montañas mas antiguas de la Tierra y el famoso salto del Angel, la cascada más alta del mundo, pero que esta época apenas llevaba agua. Después de otro vuelo accidentado, tuvimos que parar a mitad de camino entre Canaima y Caracas, regresamos anticipadamente a España, pues Mati continuaba con el dolor producido por una de sus hernias discales en la zona lumbar. Fue un interesante primer contacto con Latinoamérica que me dejaba con ansias de volver.

Zoco de Asni


En noviembre de este mismo año decidí completar el reportaje de Marruecos del año anterior, como dice mi acompañante de este viaje, Juan Pérez de la Torre, un buen día le llamé por teléfono y le dije ¿te vienes mañana a Marruecos? (Yo creo que fueron unos días antes, aunque el sostiene lo contrario). Y al día siguiente cogimos un avión en Málaga que nos llevó a Casablanca y de allí otro a Marraquech donde estuvimos una semana por toda esa zona haciendo fotos. Juan es para mi un experto en Marruecos, personalmente pienso que tiene el mejor reportaje que hasta la fecha se ha hecho en esa zona, vivió muchos años por allí, estando destinado como legionario en Larache, aunque sus fotos las hizo después cuando vivía en Algeciras. La verdad es que lo pasamos muy bien, con él es imposible lo contrario y creo que además ambos hicimos buenas imágenes.

En este viaje estrené otra cámara panorámica, una Noblex 135U que me había comprado un día antes de salir de viaje, algo que nunca se debe hacer, pero corrí ese riesgo, además de utilizar de nuevo la Hassel. Pero como en el anterior viaje las fotos panorámicas fueron las que dieron más resultado, de hecho es un formato muy idóneo para este tipo de trabajo en el que se requiere una buena información de lo que está sucediendo en cada lugar, algo siempre dificil de transmitir en su totalidad, pienso que es la misión del fotógrafo documentalista.

Pastores

Alquilamos un coche, que esta vez conducía yo y cada día salíamos a visitar un lugar cercano a Marraquech regresando al caer la tarde, que la mayoría de las veces pasábamos en la famosa Plaza Yemaa El Fna, donde hacíamos las últimas instantáneas del día mientras la plaza se iba transformando para la noche, llegaban contadores de cuentos, curanderos, encantadores de serpientes..., que iban formando grandes corrillos de gentes que se agrupaban a su alrededor y los puestos de comidas, era algo sensacional.

Visitamos poblaciones como Anrar, Asni, donde había un curioso mercado y el Valle de Ourika. Aunque lo más impresionante era la gran Medina de Marrakech, donde una vez dentro, después de escaparnos de los pesados guías que intentaban llevarte a todos los sitios de compras, llegábamos a perdernos por insólitos lugares donde sólo había gente del lugar.

Poco a poco me iba curtiendo en ese difícil mundo de la fotografía de reportaje, donde la luz no acompañaba como tu quisieras, la gente no colaboraba y tenías que valerte de muchas artimañas para poder sacar una buena imagen, por ello había que tirar muchas fotos para luego poder seleccionar mejor.

A la vuelta de cada viaje me enclaustraba en mi Laboratorio hasta revelar los rollos y luego en una tarde me hacía las hojas de contactos para empezar a seleccionar el trabajo. Después poco a poco en multitud de sesiones iba positivando en 30x40 las imágenes seleccionadas en el llamado tiraje de calidad de archivo, doble baño de revelado (suave y normal), doble fijador y después de un largo lavado de 45 minutos en lavadora de copias vertical, otra sesión para la conservación de la imagen con virados al selenio o sulfuro, a veces combinaciones entre ambos y también con oro.


(Todas las fotos que aparecen en este trabajo están a la venta en cualquier tamaño, consultar mi web en este enlace: http://www.juanmiguelalba.es/portfolios.htm y también en una carpeta que contiene tres fotografías a elegir en tamaño 20x30 cms., impresas en papel de fibra con tintas pigmentadas a un precio especial de 60 euros)

martes, 10 de enero de 2012

15 años de viaje por el otro mundo

Al cumplirse quince años de mis reportajes por distintos paises del planeta he querido hacer una recopilación para mostrar un trabajo que aglutine las imágenes más representativas. En principio iré colgando en este blog algunos datos de cada viaje y algunas de las fotos seleccionadas, espero vuestros comentarios y que sirvan de ayuda a los que deseen aventurarse en este maravilloso mundo de la fotografía de reportaje documental en la que tantos fotógrafos estamos metidos.



No puedo dejar de acordarme y hacer referencia a mi buen amigo el gran fotógrafo Jesús Jaime Mota con quien compartí buenos momentos comentando nuestros viajes, experiencias, siempre nos llámamos antes de partir a algunos de nuestros viajes deseandonos suerte y a la vuelta ansiosos de saber que habíamos traido. Siempre estaba abierto a sumistrar información sobre cualquier ruta, guía o consejos sobre la zona a visitar. A él va dedicado este proyecto que comienzo con Marruecos en 1996.

“15 años de viaje por el otro mundo” corresponde a un trabajo realizado desde 1996 a través de sucesivas visitas a distintos lugares del planeta donde habitan otras culturas muy distintas a la nuestra.
Marruecos (1996 y 1997), Venezuela (1997), Cuba (1999, 2000, 2001, 2004, 2005, 2006, 2007 y 2008), Perú (2002 y 2010), República Dominicana (2003), Haití (2003), India (2004, 2008, 2009 y 2011) y Viet-Nam (2006) son todos los países visitados.

Este trabajo intenta captar la forma de vida de las gentes que habitan en estas culturas a través de instantáneas en cada lugar procurando no alterar su cotidianidad, lo cual suele ser bastante difícil. El deseo es transmitir lo que sucede al otro lado del mundo donde hay otras culturas con otra problemática muy distinta a la nuestra y con otros valores que aquí ya no cultivamos, que sean las imágenes las que muestren lo que realmente hay, sin manipulación alguna, es reportaje documental, nunca trato de cambiar nada, no es mi estilo.

Está realizado en su gran mayoría en formato argéntico, aunque a partir de 2007 se incluyó también una cámara de formato digital. Se utilizaron siete cámaras distintas para todo el trabajo que se positivó e imprimió en materiales de alta conservación museística, papeles de emulsión de plata virados al selenio y papeles de fibra impresos con pigmentos minerales. De las cerca de 50.000 imágenes tomadas se ha realizado una concienzuda selección para dejar 100 imágenes que resumen toda esta serie.
El blanco y negro ha sido el denominador más común, si bien algunas con suaves tonos de viraje que evocan una fotografía más tradicional. Al final también hay algunas en color con tratamiento digital.

El primer lugar elegido fue la parte sur de Marruecos, partimos de Marraquech en un 4x4 que alquilamos con chófer incluido  hacia el sur visitando Ourzazate, Deour Tisagsauim, Tisstgatte, Ords Salmano, Taddert, Tamegroute, Tabouraht, Kasha Donar Ait Benhadou hasta el desierto tomando fotos al amanecer en las dunas de Merzouga. En el viaje nos acompañaron nuestros amigos fotógrafos de Alicante Jorge Lidiano y Paulina López, lo pasamos muy bien aparte de hacer fotos y en ese viaje empecé a hacer fotos con una cámara panorámica en fotografía de reportaje. Era mi inicio en esta faceta de la fotografía y comenzaba a ver los inconvenientes de hacer fotos a la gente, muchos no querían, otros posaban a cambio de algún dirham (moneda marroquí) y hubo más de un altercado, recuerdo un lugar al sur que tuvimos que salir huyendo pues unos jóvenes quisieron quitarnos los carretes, era la época de la fotografía argéntica. Viajamos en Octubre buscando una temperatura más suave y mejor luz, algo difícil de controlar en el reportaje. Fue una semana de viaje de la que he seleccionado cinco imágenes para este recopilatorio.
Fotos: Juan Miguel Alba